jueves, 21 de abril de 2011

Chávez y la opción por los pobres por Eloy Reveron

En repetidas oportunidades apreciamos concepciones cristianas en el discurso del Presidente. La gente que no entiende la diferencia entre cristianismo y cristiandad se predispone a juicios errados de valor a la hora de advertir la imitación a Cristo al erigirse como líder de los excluidos, los pobres de la tierra a quien su suerte echó el poeta. El que abrió de par en par las puertas de la sinagoga para universalizar el judaísmo. El mesianismo hebreo en opción por los excluidos, la otra cara no reconocida como a alguien, el objeto de dominación. El profeta que llegó para anunciar la muerte del imperio romano.
Chávez irritó a alguien que subió a la red un video donde el Presidente insulta al Cardenal Urosa. Lo llamó Troglodita: habitante de las cavernas. El cardenal Urosa tiene derecho a seguir a la Iglesia de los Ricos y el Presidente a la Teología de la Liberación.
Monseñor Coll y Prat fue enviado a Venezuela para advertir el pecado en que incurrían los Venezolanos al sustituir a Fernando VII por una república. Decía que el terremoto de 1812 fue un castigo de Dios. Entonces asustaban con el COCO, ahora con el COCOmunismo. La ideología monárquica todavía conserva los vectores de su fuerza iniciada después de 1492.
Constantino se convirtió al cristianismo para convertirlo en cristiandad. La Corona se alió con la Cruz para convertir a la comunidad cristiana en un Estado Pontificio. La Teología de la Liberación maneja la convicción de que Dios se hizo hombre pobre para liberarlos de la fuerza de dominación del Imperio Romano.
Joseph Ratzinger se coronó rey de la Cristiandad, después de haber desarticulado la organización de los teólogos de la liberación. En la misa del Jueves Santo tuvo el cinismo de decir que los cristianos debían ser cristianos. ¿De la Cristiandad o del Cristianismo?

Monseñor Adulfo Romero, cristiano del cristianismo, manifestó su opción por los pobres. El caso de Monseñor Romero crucificado con ametralladoras en pleno sermón cuando decía a los pobres que todos somos iguales. El vino de consagrar se confundió con su sangre sobre las escaleras del templo derramados con su vida. Tan solo por asumir públicamente que el otro existe y tiene derechos. Él no es ni siquiera mártir según Benedicto II. Para el Papa solo merece su silencio y su olvido.

Resulta que el santo ahora es Karol Woitila, ni siquiera el doctor José Gregorio Hernández, ajeno a todo vínculo político, le otorga el derecho a la santidad, su pecado: ser reconocido como médico de los pobres.

Ser cristiano, según el Monarca del Vaticano significa mantenerse en silencio cuando occidente bombardea al pueblo Libio, para aplacar la crisis económica de la Comunidad Europea, saquear las cuentas bancarias, arrebatar las acciones, y las inversiones de Kadafi, y para aplacar las conciencias, una limosna para los damnificados del tsunami.

Chávez siente el cristianismo como una religión que libera la consciencia de los pobres a través de la caridad, como el la canción de Alí Primera. Lo esencial de los esfuerzos, más allá de los logros o los desaciertos es que rema en dirección a la asistencia social. Asistir a los históricamente desasistidos, llevar la asistencia médica, la escuela, el comedor, albergar a los que perdieron su techo.

Cuando se dice Teología de la Liberación se piensa en la construcción de comunidades eclesiásticas de base, en un Dios que se hizo hombre-pobre, para liberar la los pobres o salvar a los condenados de La Tierra. Para optar por ellos es necesario liberarnos integralmente de los poderes que lo han impedido. Chávez habla de independencia integral. Es necesario que la gente entienda la historicidad de esas palabras. Resumiéndola a su expresión más breve: la ruptura de los cuatro vectores de la fuerza de dominación generada con la expansión geográfica de la cultura transatlántica durante el proceso de implantación de una sociedad esclavista y colonialista a partir de 1492.

Urosa en cambio representa a la cristiandad. Una cultura de dominio religioso que ha hipnotizado a la gente con el sonido de sus campanas por más de medio milenio. La Cruz al servicio del Estado y, el Estado a merced de las necesidades del mercado y, la gente que produce para satisfacer las necesidades de acumulación de capital, el trabajo ajeno a las necesidades de la gente.

martes, 22 de junio de 2010

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lunes, 14 de junio de 2010

Teología de la Liberación por Eloy Reverón



Medellín Colombia 1968


La Teología de la Liberación parte del evangelio y de las experiencias de mujeres y hombres comprometidos con el proceso de liberación del subconsciente de opresión y exclusión de Nuestra América en el esfuerzo de abolición de la injusticia para la construcción de una sociedad distinta.

Se estudia para elucidar el significado de su solidaridad con los oprimidos. Uno de sus teóricos primordiales, recomendaba dejarnos juzgar por la palabra de Dios, pensar nuestra fe, hacer pleno nuestro amor y de dar razón de nuestra esperanza desde un compromiso interno retomando los grandes temas de la vida cristiana planteada desde ese compromiso.

Con el especial cuidado de no trasladar mecánicamente una problemática ajena a nuestras coordenadas históricas, intenta preguntarse la significación teológica del proceso de liberación. La teología de la liberación tiene la función crítica de revisar la acción y presencia de ser humano en la historia porque el ser humano se transforma conquistando su libertad a lo largo de su existencia en la historia.

Según esta propuesta teológica, la Biblia presenta la liberación como la salvación en cristo. El tema está conectado directamente con la opción por los pobres. Concibe la concepción teológica como inteligencia de la fe, revisando las tareas permanentes de la teología como sabiduría y como saber racional. La primera se conecta con la reflexión sobre la Biblia. Más allá de aquella vida monástica de antes del siglo XIV y después de la reflexión sobre la vida espiritual de los laicos y más allá de la teología como ciencia en el encuentro de la fe con la razón.

En el caso de América Latina, la importancia que tienen las ciencias sociales es esencial para la confrontación de la realidad social con la contemplación y acción por los pobres. No hable expresamente de revolución, pero está embarcada en el proyecto de una sociedad distinta a la capitalista, a la cuyas instituciones fueron consideradas en la conferencia episcopal de Medellín de 1968.

El ejemplo de la teología pensada por San Agustín en la Ciudad de Dios darse parte de un verdadero análisis de los signos de los tiempos y de las exigencias que ellos planteaban en su tiempo a la comunidad cristiana. En el caso de América Latina redescubre la caridad como centro de la vida cristiana.

En el caso de América Latina redescubre la caridad como centro de la vida cristiana. La caridad como solidaridad y como acto de confianza, un compromiso con Dios y con el prójimo que pasa por la espiritualidad ignaciana que busca esa espiritualidad en la síntesis de la contemplación y de la acción; en este caso, la acción por la liberación del pobre mediante la abolición de la injusticia a través de la acción cristiana.

Para realizar la acción liberadora de los pobres se llevaba a cabo un plan institucional que consistía en la organización de las comunidades eclesiásticas de base. Una concepción distinta a la parroquia. Ella reunía un grupo de 25 familias a la cual se iban incorporando nuevas familias hasta alcanzar la cifra de 125, allí se dividían para seguir conformando nuevas comunidades. Una concepción comunal de la cristiandad, donde la producción y el aprender a producir estaba vinculado a las actividades que no se limitaban al rezo y a la liturgia. La comunidad estaba destinada a un objetivo esencial, la superación de la pobreza material y espiritual de sus miembros.
La actividad pastoral estaba destinada a coordinar la preparación y organización de una comunidad cristiana para que estuviera en forma para superar la pobreza a la cual estaban concientes de que el capitalismo era la forma más acabada de violencia institucionalizada porque acumula la plusvalía del trabajo de los desposeídos.